TATUAJES

  • Mujer amazigh tatuada

El origen de los tatuajes (tigues) se remontan a la época preislámica, es una de las tradiciones más ancestrales  de esta cultura milenaria. Los tatuajes están vinculados a ritos paganos y mágicos y aún  perviven en el mundo rural amazigh.

Desde tiempos remotos,  los  pueblos   nómadas, identificaban el tatuaje con el linaje tribal, la madurez, la protección espiritual, el estatus político/social y la fuerza personal como indicativo artístico.

La función del tatuaje amazigh es la comunicación entre el cuerpo y el mundo espiritual  y    lo asemejan con lo  mágico-religioso, también se les vinculaba a virtudes curativas contra enfermedades como  el dolor de cabeza o la artritis, actuando a medio camino entre el exterior y el interior del cuerpo para protegerse de los demonios,  estas creencias y costumbres   perduran en los pueblos  rurales de   Tamazgha .

En el Rif, a las adolescentes casaderas se les practicaba  el tatuaje, una anciana, experta en este  arte, se   encargaba   elaborando  pigmentos con carbón y jugo de hojas  de haba. El tatuaje formaba parte de un ritual muy significativo,  la tatuadora rompía la monotonía de los preparativos de la boda, aconsejando a  la novia sobre los hombres, el sexo y la institución del matrimonio.  En estas  conversaciones  se hablaba de experiencias  y memorias para generar una determinada visión del mundo, al que pronto daría forma a la  nueva identidad de la mujer que pasaba de ser hija y hermana a esposa. La vida en otra familia con su esposo marca la transformación de niña a mujer.  Su nuevo estatus como esposa le dará un reconocimiento como miembro útil en la sociedad a través de la maternidad que garantiza la supervivencia del grupo,

El mundo espiritual amazigh, cree en la existencia de las energías sobrenaturales, esta creencia de que todos los animales y los objetos tienen espíritu, se refleja en los objetos utilizados como fuentes de magia, de poder y de protección contra las energías negativas y los diseños de los tatuajes son los que retienen para protegerse de los malos espíritus (jenun).

Los tatuajes amazigh se  suelen colocar  cerca de los orificios del cuerpo (ojos, boca, nariz, ombligo, ) o en sitios vulnerables a las maquinaciones del mal. Los pies de las mujeres, por ejemplo, se protegen con tatuajes para impedir que los jenun intenten entrar en el cuerpo a través de la tierra.

 En el mundo amazigh,  las mujeres protegen a sus hijos de la mala suerte  pintándoles de negro la frente con carbón, este tatuaje se le denomina “el Ayacha”, estas prácticas   aun se siguen utilizando en  las zonas rurales, cuando el día del nacimiento del niño coincide con evento adverso.

La complejidad de algunos diseños, como cruces u otras puntiagudas  tiene el poder de acabar con el mal de ojo. Cuando el tatuaje  es  una cruz en la nariz, debajo de los labios o en el índice de la mano derecha, la función de éste  se hace para resguardar la vida de un niño, cuando sus hermanos mayores mueren al nacer.

La mujer amazigh es la protectora y depositaria de las costumbres de una civilización milenaria. Esta costumbre se ha mantenido a pesar estar  prohibido para los musulmanes. Para la cultura musulmana  el tatuaje son  símbolos de brujería y de tradiciones paganos, ya que modifica la creación de Dios.

Las ancianas  amazigh pueden identificar la región a la que pertenece una persona  dependiendo del número de líneas en sus tatuajes. En la frente o en las sienes representa una identidad que puede asociarse a una tribu. Un mismo símbolo también puede  tener significados diferentes según el origen de la persona, o un mismo concepto puede ser representado por diferentes símbolos.

En los tatuajes amazigh cada símbolo tiene su significado: el punto simboliza el hogar, La espiral representa la armonía absoluta, la luna creciente la materia que nace, crece y muere, la palmera tatuada en la frente  invoca a la diosa madre, dos líneas simbolizan la dualidad entre el bien y el mal en cada uno,etc..

 El tatuaje actual ha perdido  su antiguo significado, pero mantiene su   compromiso con la comunidad, permitiendo a los imazighen  otra forma más de diferenciarse culturalmente de los árabes.