MALIKISMO

Asentadas ya las tribus sanhayas, de los lamta y los gasula en los valles próximos del  Atlas, se establecen en lo que  son actualmente los Estados de Mauritania y Malí,  territorio que abarcaba desde los ríos Senegal hasta el Níger, entre otras pequeñas tribus de pastores nómadas, los lemtuna y los mafusa.

Las alianzas intertribales habían frenado el avance de los pueblos del sur, esto motivó la creación de la confederación de los sanhayas (izeneien), que garantizaba el control de las rutas caravaneras, que cruzaban un territorio que lindaba con el antiguo Reino de Gana, así como disponer de una amplia zona de pastoreo. La confederación de los sanhayas  establece su capital en el sur de Mauritania.

Consientes, los líderes tribales de la importancia de la religión como elemento de cohesión y conscientes también de la rebeldía de los imazighen contra cualquier poder religioso o político que venga del exterior, el líder de la confederación sanhaya,  Yahia Ben Ibrahim Al Gudali,  de la tribu de los gudala, tres siglos después de la primera llegada del islam al norte de África y ya islamizada la población en el año 1040, emprendería la reforma religiosa.  Desde Kairuán, principal centro neurálgico religioso en África, el erudito  originario de Fes, Abu Imran Al Fasí, pondría al servicio de la reforma emprendida a dos de sus más distinguidos discípulos, Uaggaq ben Zellu Al Lemtí, de la tribu de los lemta y al predicador Abdalá Ben Yasin Al Gazulí, de la tribu de los gazula. El malikismo, dominante en la actualidad en el norte de áfrica, daba sus primeros pasos con la indiferencia de la población, más proclive al sincretismo que a la ortodoxia sunni, aunque esta fuera desde la visión del malikismo, un doctrina más flexible con las tradiciones de los pueblos islamizados.

La falta de entusiasmo por la nueva doctrina entre los imazighen repercutiría en todo el territorio y alteraría más tarde la historia en la orilla norte  mediterránea, Al-Ándalus. El propio Abdalá Ben Yasin Al Gazulí se vería obligado a refugiarse en una rabita con sus más cercanos acólitos, la prédica, cuya interpretación y jurisprudencia estaría basada en Al Muwatta, obra del fundador del malikismo el Imam Malik, iría ganando adeptos, la rabita de la  isla de Tidra se convertía paulatinamente en lugar de peregrinación y purificación, para luego convertirse en lugar de formación. La popularidad de Abdalá Ben Yasin, lo convertiría en líder espiritual a la vez que líder de un movimiento político que sustentaban los peregrinos que se transformaban en yihadistas o monjes soldados. El sunismo, a través    del malikismo,  se  enraizaba en territorio de Tamazgha, pero sería la adhesión de la poderosa tribu de los lemtana, cuyo jefe  Yahia Ben Omar se imponía como jefe militar,  daría el impulso a un movimiento político religioso liderado espiritualmente por el predicador Abdalá Ben Yasin.

Organizada la confederación con un sistema descentralizado, donde las distintas tribus gestionaban los intereses, como la vasta extensión territorial para el pastoreo, el trafico de caravanas que abastecían no solo al norte de África, sino también a Al-Andalus y desde allí a los mercados europeos,  este modelo de gestión empezaría a verse afectado por el nuevo movimiento político-religioso, la fusión del concepto de la solidaridad tribal y el concepto de la solidaridad de la umma, perfilarían un nuevo modelo económico entre los imazighen confederados.

Este movimiento se vería favorecido por la fragmentación en el mundo musulmán;   con Al-Andalus fraccionado en una multitud de reinos de taifas.  Ifriquiya, la actual Túnez,  invadida por los hilalien en el 1053 y con la caída del principal centro religioso y político arabizado de la época, Kiruán. En el actual Marruecos, los idrisien o drísidas controlan un vasto territorio por el mediterráneo marroquí,  que pone en peligro la Ceuta omeya-cordobesa, el atlántico y sus llanuras controlado por los barghawata, los beneifran controlan ciudades de importancia como Salé y Tlemecén, los zenetas, con la taifa de Chellah, controlan el territorio desde Fez a Siyilmasa.

La Tamazgha sunita empieza a configurarse como una potencia expansionista, el sunismo maliki se convierte en seria amenaza para la orilla norte del estrecho, y no es la primera vez que el norte de África preocupa a los musulmanes de Al-Andalus. El sucesor del Califa de Córdoba Abderrahman III, su hijo Alhakam II,  diseñaría una política especifica de contención norte africana, el control del estrecho de Gibraltar era crucial y la dinastía chiita de los fatimíes, con capital en Kiruán, ya suponían una amenaza, que no cesa hasta la conquista de Egipto por éstos y trasladan la capital al Cairo, decisión esta que aprovecha Alhakam para recuperar su influencia en el norte de África.

Pero el siglo XI es convulso en el mundo musulmán, las dos dinastías sunitas que conformaban la umma se ven seriamente amenazadas, los abasíes.