Autor: Jorge Dezcallar
Valor simbólico y pecuniario
En el mundo bereber, al igual que ocurre en otras sociedades tradicionales, la vestimenta , elpeinado, los tatuajes y las joyas proporcionan mucha información acerca de la pertenencia clánica y tribal, el nivel social e, incluso, el estatuto personal de la mujer que las luce y su cualidad de casada, soltera o viuda. En algunos casos, como ocurre con el “adwir” de la Kabilia argelina, incluso nos indican que su portadora es la madre orgullosa de un hijo varón cuando lleva esta joya en la frente y no sobre el pecho.
Las joyas las compran los hombres en los años de bonanza económica. Pueden ser vendidas en momentos de dificultad, como cuando se producen malas cosechas. Pero si son los varones quienes fabrican y compran las joyas, son las mujeres en cambio quienes las disfrutan, ya que en principio les pertenecen y son su seguro de vida en caso de viudedad ode repudio por parte del marido. Por eso las portan siempre encima, y no es extraño encontrar a una pastora llena de cadenas y pulseras de plata en remotos pastizales, mientras atiende a sus ovejas. En la sociedad bereber, robar a una mujer sus joyas se considera un delito particularmente grave que se castiga con severidad.
Valor estético y mágico
Como en todas las culturas, desde los tiempos más remotos, las joyas han tenido la finalidad de embellecer a sus portadoras. Lo mismo ocurre en el mundo bereber, donde las mujeres usan joyas, y también asesoran a los hombres para el montaje de collares y diademas.
Además de embellecer, algunas joyas tienen un sentido eminentemente práctico, como sucede con las fíbulas, conocidas ya por griegos y romanos, que se siguen empleando en zonas rurales para sujetar las vestimentas.
Las joyas tienen además en el mundo bereber una función profiláctica, en el sentido de que atraen la buena suerte sobre quien las lleva, al tiempo que alejan a los malos espíritus portadores de enfermedades y desgracias. Para ello, incorporan en sus diseños un rico simbolismo asociado con colores, números, formas y dibujos, cuyo origen se ha perdido y es hoy ampliamente desconocido, aunque perviva en las costumbres. Exigen la repetición de ciertos modelos para obtener eficacia, como es el caso del triángulo que esquematiza el pubis femenino y se vincula con la fertilidad, desde que los fenicios importaran el culto a la diosa-madre Tanit, así representada.
El rojo del coral se asocia a la vida y se cree que evita las hemorragias. Por su parte, el ámbar remite a las nociones de poder y riqueza. Por otra parte, se afirma sin asomo de duda que la representación figurativa o abstracta de un escorpión o una serpiente evita la mordedura de estos animales. La paloma, en cambio, es sinónimo de fidelidad.
Algunas joyas refuerzan estos poderes mágicos incorporando pequeños receptáculos donde se introducen textos sagrados o cabalísticos. Particularmente potente es el numero cinco, que aparece en muchas piezas y tiene fama de ser muy eficaz contra el mal de ojo.
Los varones, por su arte, no visten joyas, aunque usan anillos y adornan sus cuchillos (gumías) y las culatas de sus escopetas.
En el mundo bereber , la orfebrería ha estado siempre en manos de artesanos y orfebres judíos, porque los musulmanes consideraban esta labor impura al pensar que el dominio de estas técnicas exigía un pacto con los diablos (yenún), que desde las tinieblas del centro de la tierra controlan el fuego necesario para la fundición de los metales. La emigración de los judíos en años recientes a Israel, y la globalización uniformadora de las formas de vida y de vestir, marcan el final de la producción de estos dijes.
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