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El arte bereber

ÁNGEL FLORES MORALES.
Fuente la verdad.es

 

(…) La meticulosidad de los artesanos del arte bereber   llama la atención incluso del más despistado turista; la belleza de las joyas bereberes producidas en Tiznit, patrimonio ancestral, como las que hacen en Agadir, confeccionadas en plata, han constituido siempre el ajuar de las casadas en las familias bereberes. Las joyas bereberes, tradicionales, modernas o de inspiración ancestral, se han enriquecido con todas las transformaciones y mutaciones del tiempo. Los dijes, los pendientes, las pulseras, los collares y diademas, han presentado siempre particularidades que las distinguen de las de otro arte. Según Machda Saber (Aujourd'hui Le Maroc, 23-11-07), en la fabricación se utilizan dos técnicas, que revelan la riqueza de una cultura y de un patrimonio que ha sabido anclarse en el tiempo y en el espacio: «La primera consiste en el vaciado y el recorte de la alhaja y la segunda, exclusiva de Tiznit y de algunos lugares de la Kabilia, en el tipo de joyería esmaltada, ya que forman parte de la joya el coral o la bujería de vidrio; las dos consiguen, en su conjunto, que el artesano bereber restituya el saber hacer, la herencia ancestral y la adaptación a las mutaciones de su tiempo». La ciudad de Tiznit constituye un lugar de predilección del arte bereber de importancia nacional; esta pintoresca ciudad del Atlas, posee el único zoco existente en Marruecos dedicado exclusivamente a las joyas; su medina, su mel-lah (judería) y su mechuar (gran espacio para el paseo y el ocio), están en un interior amurallado con el típico material de color ocre y de 5 Km. de perímetro. Una preciosidad.
La joyería bereber ha presentado siempre particularidades que la distinguen de las de otro arte; la de plata se trabaja en los pueblos de la meseta y de la montaña y la de oro en las ciudades. Con la plata sola, o mezclada con coral o ámbar, forman pesadas y sobrias alhajas: broches, cadenas, collares, pendientes, diademas y pulseras, joyas que destacan sobre el índigo de los vestidos de las mujeres del Sus. Las más austeras de plata, tienen su acomodo con el resplandor de las fogatas en las veladas bajo el cielo del desierto, donde la nómada luce las ajorcas en sus descubiertos tobillos. Con el oro, solo o mezclado con granates o esmeraldas o rosas o perlas o con turquesas, se forman joyas más frágiles y refinadas, como anillos, collares, dijes y diademas que, puestas sobre sedas bordadas, terciopelos o velos multicolores, son las que lucen, con orgullo, las ciudadanas elegantes. Las joyas de oro de más valor sirven para las ceremonias de la tarde y para llevarlas bajo la luminosidad de las ciudades. Pero, si las mujeres pueden presumir de sus bellas alhajas, los hombres no se quedan atrás luciendo sus suntuosos puñales de oro y plata, incrustados de gemas preciosas.
En las medinas de Tetuán y de Tánger, también se pueden encontrar esas joyas, pero importadas del interior bereber; las que no son de ese tipo, bien de arte árabe o andalusí, aparecen en todas sus tiendas. La medina de Tánger, tiene una calle, que es su nervio principal, llamada de siaguín (plateros), donde los hebreos tenían sus talleres en los que trabajaban el oro y la plata con gran maestría. ¿Cuántos semanarios, cuántas pulseras y cuántos colgantes han salido de aquellos orfebres, sin olvidar las pesadas ajorcas de plata para los tobillos de las admiradas rifeñas!