ALMORAVIDES

Los almorávides o los al-Murābitun, nombre que recibe esta dinastía amazigh  por los “monjes-soldados” seguidores de  Abdalá Ben Yasin Al Gazulí, practicaron un sunismo maliki  rigorista. Los fundadores son los sanhayas, que confederados emprendieron un movimiento reformista en Tamazgha, tres siglos después de las primeras incursiones Islámicas en el norte de África.

Con ellos el Occidente musulmán vivió cierta homogeneidad, unificaron las taifas y dominaron casi todo el norte de África y la mitad sur de España y Portugal, su poder se fundamentaba en lo militar y religioso. Al ejército originario que lo conformaba hombres del desierto de la poderosa tribu de los lemtana, se sumarian soldados de otras tribus marroquíes, turcos y cristianos. Los almorávides contaban con un ejército moderno para la época, incorporaron nuevas técnicas de combate   e innovaron el armamento de guerra.

Retrato de Yusuf Ibn Tashfin Fuente: http://edsombra.com/

Retrato de Yusuf Ibn Tashfin
Fuente: http://edsombra.com/

El siglo XI daría a Yusuf Ibn Tashfin, el impulso y la legitimidad religiosa para extender, al también llamado Reino de Marrakech, hacia Al-Andaluz, un vasto imperio, el de Los almorávides, con una extensión territorial que abarcaba MarruecosMauritaniaSenegal y parte de Argelia, antes de su entrada a Al-Ándalus.

Ibn Tashfin,  de la tribu de los lemtana, pertenecía a la familia de Yahia Ben Omar, a quien el jefe espiritual de los almorávides, Abdalá Ben Yasin, encargó la jefatura militar almorávide. Ibn Tashfin como lugarteniente de su tío Abu Baker, que había sometido gran parte del Marruecos central, se haría cargo de la administración de los dominios almorávides en ausencia de  Abu Baker, que salía a establecer el orden entre las rivalidades y disputas de las tribus imazighen del desierto.  A la vuelta de Abu Baker,  Ibn Tashfin, con el apoyo de la esposa de su tío, Zinab,  había consolidado su liderazgo entre los almorávides, ante tal consolidación de liderazgo, Abu Baker cede todo el poder, incluida a la propia esposa a Yusuf Ibn Tashfin. Hábilmente reconoce la supremacía religiosa del debilitado califa abbasí, funda la capital en el estratégico oasis para las rutas de caravanas que unían el Senegal y Malí con el del norte de África y convierte Marrakech en la capital del expansionismo Almorávide.

Con la Crisis política en Dar Al-Islam, donde la disidencia se ceba con el imperio abbasí, completamente debilitado y a merced de los intereses de los chiitas buhíes y de los selchuquíes turcos, Bagdad ve como su imperio se desmorona, el acecho de los fatimíes, chiitas ismaelitas con capital de su imperio en el Cairo,  y los enfrentamientos constantes entre los señoríos locales, el califato abbasí es más un estado tutelado por los chiitas  buhíes que un imperio. En Occidente las cosas no eran diferentes, con la muerte del hijo del dictador Almanzor, Al-Muzaffar, y al quedar el Califato de Córdoba sin sucesor, Al-Ándalus entra en una espiral de guerras intestinas que llevaría a la aparición de un sinfín de reinos de taifas. Es en este panorama donde el avance de la cristiandad en España y Sicilia provoca el retroceso territorial del Islam europeo.La cruzada franco-aragonesa de Barbastro de 1064, bajo el auspicio del Papa Alejandro II que predicaba la Guerra Santa,  y la rendición de Toledo al rey Alfonso VI de castilla y León en 1085,  convencen a los régulos de taifas para pedir auxilio a la dinastía amazigh.

Al-Ándalus que había gozado de cierto secularismo y una convivencia entre las tres religiones, se veía obligado a recurrir a la teocracia de los eruditos. En el año 1085, Al-Mutamid, Rey de Sevilla, en nombre del Islam solicitaba la intervención de Tashfin, el desembarco de los almorávides se produciría con un ejército de más de 70.000 hombres al mando del General Dawud Ibn Aisha, un ejército aguerrido y diestro en el manejo de las armas y las artes de guerra. Con Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, como comandante en jefe de los ejércitos de las taifas e Ibn Tashfin al frente del ejército almorávide,  junto a su  General Dawud,  derrotan a un ejercito de 50.000 hombres, al mando del Rey Alfonso VI,  en la batalla de Sagrajas en octubre del año 1086.

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Mapa del Imperio Almorávide
Fuente: http://www.fotosimagenes.org/

No tardarían los Andalusíes en recurrir a Ibn Tashfin, que había dejado a 30.000 hombres a cargo de Al-Mutamid antes de regresar a Marruecos de forma precipitada por la muerte de su primogénito en Ceuta. Ante el contraataque de Alfonso VI, recuperado de las heridas de la batalla de Sagrajas,  el monarca cristiano penetraba de nuevo en territorio musulmán, un año después de la desastrosa batalla,  hasta las puertas de Sevilla, manteniendo una guarnición permanente de 15.000 hombres entre Lorca y Murcia. Ante la imposibilidad de Al-Mutamid de tomar la fortaleza que amenazaba, no solo a la taifa de Sevilla,  y ante la falta de apoyo del resto de las taifas, se recurre a las fuerzas de Ibn Tashfin. En 1089 Ibn Tashfin vuelve a la península y pone en sitio la fortaleza de Aledo, pero las tensiones entre las taifas y la falta de cooperación hacen que los almorávides de Ibn Tashfin se replieguen de nuevo al Magreb,  dejando desprotegidas a las taifas ante el avance cristiano.

 Desde Marrakech Yusuf Ibn Tashfin espera que los reinados taifas acaben por descomponer un sistema, que los almorávides consideraban enfermizo y lesivo para la umma, sabedor del apoyo de los alfaquíes y de los propios andalusíes, Ibn Tashfin y sus generales preparan lo que sería la expansión del imperio hacia Al-Ándalus.

 Los eruditos religiosos, entre los que destacan Al-Gazali y Al-Turtushi,  emiten una fatwa por la que legitiman a Ibn Tashfin para la ocupación de Al-Ándalus y le rinden pleitesía nombrándole Amir al-Muminin (Príncipe de los Creyentes). En el año 1090, con el beneplácito del poder religioso desembarca en Algeciras, y ocupa las taifas humillando a quienes le opusieran resistencia,  reunifica todo el territorio, aunque no recupera Toledo.

 La dinastía amazigh de los almorávides implantaba un nuevo modelo de convivencia, aplicaron medidas contra judíos y mozárabes que resquebrajaban el modelo de convivencia desarrollado por los anteriores gobernantes islámicos.

 Sin embargo, como toda teocracia, una vez asentada, seducidos por el poder, las riquezas y el lujo, aquellos  que habían venido para adoptar un  modo de vida más riguroso, se verían afectados por una crisis debida a la corrupción política y a la subida de impuestos,  el coste de la expansión hacía insuficiente los impuestos del Zakat  y el quinto del botín, por lo que tuvieron que recurrir a impuestos ajenos a la charia, el resultado fue el desmoronamiento de la economía.

 Tampoco pudo hacer frente al levantamiento y revueltas de quienes ya no veían como alternativa a los almorávides. En 1118 los aragoneses tomaban Zaragoza y ante el temor de la sublevación de los cristianos, los mozárabes son represaliados y deportados al norte de África, la disminución de población judía y cristiana merman las arcas de los almorávides, obligando a estos a imponer nuevos gravámenes a la población, cuyo resultado sería la devaluación del dinar, una crisis económica que les haría perder el apoyo de la población. La sublevación de Mértola en 1144, donde se proclama como rey el místico Ibn Qasi, da lugar al periodo de los segundos reinos de taifas. Mientras esto sucedía en Al-Ándalus, en el norte de África un nuevo movimiento reformista empezaba a tomar forma bajo el liderazgo de Iben Tumart.Los almohades, movimiento que surge de la tribu de los zenatas, con la aplicación más rigurosa de la ley islámica, se extiende por todo el Magreb, darían su golpe de gracia a la decadente dinastía con la caída su capital, Marrakech en 1147.